Reciclando de nuevo. Esta vez los huevos de plástico amarillo que contienen el imposible juguetito (con su correspondiente plano) de los huevos Kinder y similares, ya que el juguete, en mi caso, siempre acaba a tomar por saco, el huevo amarillo lo voy regalando, que para llevar el ibuprofeno, paracetamol, o incluso las sacarinas de “esa marca que me gusta a mí” es fenomenal. No es elegante pero es muy práctico y se abre menos que una cajita que me regalaron de plata que no servía para nada.